Valladolid creció sobre los sedimentos del Pisuerga y del Esgueva, con terrazas fluviales que alternan gravas, arenas y limos en pocos metros de profundidad. Esa variabilidad explica por qué las cimentaciones y los rellenos compactados se comportan de forma tan distinta entre barrios como La Victoria y Parquesol. El ensayo de densidad de campo con cono de arena permite verificar in situ que el grado de compactación realmente alcanzado coincide con lo que marca el proyecto, un paso que muchos acortan por plazo y que acaba costando asientos diferenciales a los dos años de entregada la obra. En suelos granulares típicos de la ciudad, donde el sondaje SPT da un índice de resistencia, el cono de arena aporta el dato directo de densidad seca que sirve para validar tongadas de relleno estructural bajo losas y viales.
Una tongada mal compactada en una zanja de servicios puede generar un asiento de 15 mm en dos inviernos: en Valladolid, con heladas frecuentes, la humedad atrapada acelera el deterioro.
